Mi madre
Aunque
soplen con violencia los vientos de la preocupación,
aunque
rujan, furiosos, los truenos de la muerte,
en
mis oídos, en la agonía, una voz
transforma
para mí el silbido del diablo en melodía
y
me alegra: es la voz de mi madre.
Aunque
para mí se llenen las copas de acíbar,
y
aunque el vaso de la vida se me escancie lleno de
amargura,
en
mis labios un manantial maravilloso
transforma
para mí los vasos de vinagre en vino
y
me embriaga: es el nombre de mi madre.
Aunque
la desgracia asalte mi corazón
y
la aflicción destruya el muro de mis esperanzas,
en
la puerta del Paraíso un ángel
desenvaina
su espada contra la muerte
y
me vigila: es el espectro de mi madre.
Aunque
me abata la pérdida de mis bienes,
de
mis amigos y de mis bellos poemas,
poseo
un tesoro -¡Dios lo conserve!- más valioso
que
corona guarnecida de perlas:
es
la ternura del pecho de mi madre.
Aunque,
¡oh Dios!, en el día terrible
decretes
para mí, con tu justicia, el fuego eterno,
tengo
la esperanza de que llegará un día
en
que perdonarás en el infierno a un culpable:
tu
corazón no será menos piadoso que el corazón de mi madre.
Rasid
Salim Juri Al. Qarawi Barbara, Líbano, 1887.
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