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María
de Hoyos y Laura Migale*
Cientos
de botellas con agua son dejadas diariamente en los santuarios dedicados a la
Difunta Correa que se encuentran en pequeños altares, oratorios y nichos en
todas las rutas del país, desde Jujuy a Tierra del Fuego. Agua para una mujer
que murió sed en medio de un desierto de arena y piedra allá por 1841.
Cuenta
la historia y la leyenda que cuando su marido fue tomado prisionero en medio de
los conflictos entre unitarios y federales, Deolinda Correa con su pequeño hijo
en brazos partió en su búsqueda bajo el calcinante sol de la "travesía
sanjuanina" (como denomina a este desierto Domingo F. Sarmiento en su obra Recuerdos
de Provincia). Pero la sed y el cansancio pudieron más que su voluntad, y
murió en las cercanías de Caucete. Dicen que antes de morir invoca a Dios para
que salve a su pequeño hijo. Y el milagro se produjo. Tres días después, unos
arrieros atraídos por el llanto de un niño descubren el cadáver de Deolinda y
al pequeño alimentándose de los pechos milagrosamente vivos. Los hombres le
dieron sepultura y se llevaron al niño. Años más tarde, otros arrieros que
estaban buscando infructuosamente unos animales perdidos, al ver la tumba
imploraron su ayuda y la Difunta respondió al pedido. Así comienza un culto
que lleva casi 160 años y que continúa creciendo.
En
Vallecito, en medio de un desierto de arena y piedra se encuentra su Santuario Principal a un costado de la Ruta Nacional Nº 20, km 62 en el
Departamento de Caucete, que une la ciudad de San Juan y las provincias de La
Rioja y Catamarca.
El
Santuario posee, al pie de un cerrito, un total de 15 capillitas (habitaciones
de 5 m por 3 m o más grandes) desbordando de ofrendas. Todas fueron donadas por
diferentes promesantes, cuyos nombres figuran en placas sobre las puertas de
entrada. Supuestamente, una de ellas, que contiene los restos de Deolinda
Correa, tiene una gran escultura con la Difunta con el niño. En el resto de las
Capillas existen igualmente reproducciones de esta imagen en cuadros,
estatuillas o estampas, acompañados en todos los casos con distintas imágenes
de Vírgenes, crucifijos y santos oficiales (San José, San Cristóbal, San
Francisco y San Cayetano son los más representados).
En
general en todas las Capillas hay innumerables objetos agolpados y mezclados:
trenzas de cabellos, relojes y radios antiguas y modernas, cuadernos escolares,
yesos, exvotos de metal que hacen referencias a órganos o partes del cuerpo
humano (corazón, hígado, una pierna), collares, infinitas cartas, ropa del
primer hijo, chupetes, anillos, muñequitos, bastones, autitos que representan
diferentes marcas, camiones con leyendas y ómnibus con el nombre de la empresa
etc. Objetos de valor afectivo o económico, desde muñequitos de peluche hasta
automóviles y joyas.
Un
párrafo especial lo constituyen las fotografías: millones de ellas, desde
principio de siglo, en blanco y negro y en color, con las personas retratadas
con ropas que evidencian el paso del tiempo y de las modas y en diversas
circunstancias de la vida: casamientos, bautismos, cumpleaños, varias fotos de
un niño en distintas etapas de su desarrollo, imágenes que hablan de un antes
y un después: enfermos y recuperados; con muletas y caminando. Fotos de casas
terminadas, negocios, equipos de fútbol y de otros deportes. Imágenes de
distintos momento en la vida de una familia: cuando se casan, inician la casa,
la casa terminada, el nacimiento de los hijos, la adquisición de un vehículo y
otras.
Los
momentos de más afluencia de visitantes se produce en Semana Santa
(aproximadamente 50.000 personas), para el “Día de las Animas” (es cuando
se ve la mayor cantidad de gente caminando desde lugares lejanos), la Fiesta de
los Camioneros, y la Fiesta de los Gauchos. Estas últimas sin fecha fija, se
realizan en épocas de buen tiempo (verano, hasta marzo), ya que se congrega
mucha gente y las fiestas duran varios días al aire libre. Los camioneros se reúnen
en la ciudad de San Juan y hacen una caravana que, al llegar a Caucete, empiezan a tocar bocina hasta arribar al Santuario. Contratan grupos
conocidos de música y se elige el mejor camionero y también una reina.
Debido
a la masiva afluencia de visitantes, entre creyentes y turistas, frente al
Santuario se han levantado varios bares y restaurantes, un hotel y una veintena
de negocios que ofrecen recuerdos de la Difunta como estatuillas en su clásica
postura (recostada, cara al cielo con el niño en uno de sus pechos, en medio de
un paisaje árido), estampas, medallitas cintas rojas con la frase "Difunta
Correa protege mi..." y a continuación "mi hogar" o "mi
familia", "mi trabajo", "mi salud" y las posibilidades
incluyen todas las marcas de automóviles y motos posibles. Estas cintas, que
suelen colgarse de los espejos, son bendecidas junto con el auto en cuestión
por un sacerdote en la Capilla del Carmen construida recientemente en Vallecito.
También una línea de ómnibus hace el recorrido de y hasta la ciudad de San
Juan varias veces al día, y existen paradas de taxis y remises.
Se
considera que los arrieros y luego los camioneros fueron los primeros difusores
del culto a la Difunta Correa y que habrían levantado pequeños altares,
oratorios y nichos en todas las rutas del país, desde Jujuy a Tierra del Fuego,
en los cuales se dejan botellas con agua. Hemos podido constatar la presencia de
dichos lugares de culto en rutas nacionales, autopistas, en el bosque de La
Plata, en la Plaza de los Andes en plena ciudad de Buenos Aires y, muchos de
estos lugares adquieren dimensiones de templos como el de San Andrés de Giles
(Buenos Aires), Río Gallegos (Santa Cruz) y Río Grande (Tierra del Fuego).
*del Cd Rom ALMAS MILAGROSAS, SANTOS POPULARES Y OTRAS DEVOCIONES.
©Equipo NAyA 2000.
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